lunes, 17 de septiembre de 2012


FORGET FULL

- ¿Y cuando yo no estaba pudiste escribir?
- ¿A qué te refieres con eso de “escribir”?
- Ya lo sabes, a poner una palabra detrás de otra.
- Ah, no eso no pude… no tenía dónde.

Un silencio extrañado. Largo. Maga miraba al infinito del blanco de la pared. Solía hacerlo después del amor. Se quedaba vagando. Maga viajaba, ¿hacia dentro? Hacia dentro, esta vez sí, hacia dentro. La Maga y Carlos eran dos viajeros. No es que se desplazaran en el espacio es que nunca estaban en el mismo sitio mucho tiempo, su territorio era abierto como el blanco de la pared y lo iban llenando con lo que cogían de aquí y de allá, viejas fotos, una piedra  suave de olas, el viento del Este, las huellas del cangrejo, un puñado de arroz, vino tinto y vino blanco… hasta vino rosado cuando no había otra cosa. A Carlos no le gustaban las medias tintas, pero si no había más remedio… era capaz de sacarse un tintero de la manga. Siempre hay alguna salida. Maga hizo un hueco con la mano en el blanco de la pared y le dijo a Carlos…



- Ven conmigo, mentiroso.
- ¿Por?
- El papel es barato, mentiroso. Los lápices también, mentiroso. Y me has dicho antes que escribías con una taza de té y un vaso de ginebra, mentiroso.
- No, no, ¿por qué quieres que vaya contigo a la pared?
- Porque tengo un lápiz y quiero que escribas mi nombre cien, doscientas, quinientas veces. Las que quepan. Es el castigo que mereces.
- ¿Por?
- Por mentir… y por robar. Por robar mi nombre. Yo no me llamo Maga.

Carlos se acercó a los labios de Maga. Con la lengua empezó a humedecerlos, con mordiscos juntó arriba con abajo y entonces con su dedo empezó a trazar una línea y otra y otra y otra y otra, hasta que los labios tomaron la forma en la que él podía reconocer una página que había perdido en la ausencia de Maga.

- Yo no  pongo palabras sobre papel, yo no pongo palabras sobre la pared, pongo palabras sobre ti. Tu piel es el único lugar en el que puedo escribir. Tu nombre se lo robé a otro, sí, pero es que él te vio antes.  Yo no tengo la culpa de no ser  original, no quiero escribir Rayuela, quiero jugar a llegar al cielo de tu cintura saltando de tu cadera a tu pecho y de tu boca a tu pelo.

- No te entiendo. ¿Entonces sobre qué piel escribías cuando yo no estaba? Porque has dicho que mientras me esperabas escribías con un té y con un vaso de ginebra, no me digas que no.
- Y canela
-¡Y canela, vale! Responde.
- Verás, las cosas nunca son siempre de la misma manera. Escribir cuando tú no estás puedo hacerlo sobre papel, porque entonces solo ando buscando levantar un mapa que me lleve de nuevo a ti. Entonces sí, entonces consumo lápices, ensucio papeles y los grapo de a diez. Pero me sale torpe la cosa. Escribir, escribir, poner palabras como caricias, eso solo puedo hacerlo cuando mi aliento se pierde en tu aliento, cuando me pides que entre ya y no me vaya nunca de tu vientre, cuando me aferras, te doblas sobre mi verga y luego saltas para pintarme de negro la boca.
- O blanco o negro.
- Eso es, blanco cuando tú no estás, negro cuando lo abres para mí.
- ¿El qué? ¿El qué abro para ti?

Ahora casi se espera que Carlos ponga música de Chet Baker y sonría complacido por la sorpresa de Maga… Pero eso sería un tópico, la única música que sonó entonces fue el suspiro de Maga cuando Carlos buscaba folios con aroma de… Fundido en negro. 

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