sábado, 29 de septiembre de 2012

REFUGEES


- ¿Por qué no salimos? -Dijo Maga.
- Ya estamos fuera. Vivimos a la intemperie.
- ¡No digas tonterías! Hace un momento te pedí que vinieras a mi pared. Cuando me recuesto aquí, entre los almohadones, y me voy a vivir a una pared con el pensamiento volante es porque me tienes presa con tus caricias. Solo me escapo de vez en cuando para ir a buscarte canela para el té. Reconoce que es poco y que hay paredes.
- Me refería a la vida del corazón. A mí me dan golpes, el sol me quema, el frío me vuelve sobre mí mismo como una página plegada y vuelta a plegar, de vez en cuando el zumo de las naranjas me empapa y entonces huelo a huerta, cuando busco el mar mi piel se perfuma de yodo y bajo la lluvia el corazón recibe masajes de nubes, eso es cierto, pero no tengo otra casa que no sea el hueco de la palma de tu mano cuando me das de beber.
- ¿Y entonces?
- Soy un refugiado, mi amor. Mi refugio son tus caderas. El paraíso lo escondes entre los muslos y el cielo tiene color de labio para mí. Expulsado del mundo pedí asilo en tu pecho. A veces me mudo de pezón, pero siempre habito la misma casa.
- Has dicho mi mano.
- En tu mano cabe un mundo.
- ¿Mmmm?...Me apetece salir a tomar algo. Conozco un bar. Tiene mesas bajo un emparrado y podemos charlar a la sombra. Quiero que me cuentes historias.
- Sea.

Carlos y Maga cerraron la puerta tras de sí. La tarde estaba nubosa, pero aún se notaba el calor de los últimos días del verano. Carlos caminaba al lado de Maga y tenía que hacer equilibrios de trapecista para dar un paso tras de otro sin perder de vista los andares de Maga. ¡Cómo le gustaba verla caminar! Era un paso decidido y a la vez vacilante. Una contradicción, pero ¿hay algo más real que una contradicción? Maga era una contradicción, porque era real, a veces sí y a veces no, hoy aquí, mañana allí. No había manera de saber cuál sería su próximo movimiento. Carlos se dejaba llevar por el azar y de vez en cuando su mano acariciaba el trasero de Maga. "Solo para saber que eres real, lo juro, solo para eso".
- Vamos, vamos. Sé que escribes "te quiero" en los sitios más raros. He notado tus dedos sobre mis nalgas y escribías.
- No puedo hacer otra cosa. Amarte es escribirte, si no te escribo te me vas.

La ciudad iba abriéndose ante los amantes y llegaron a un plaza pavimentada de rara manera.

- Me marea mirar al suelo. ¿No te pasa lo mismo con ese dibujo tan raro de las losetas?
- No sé, pero prefiero el albero prensado y bien regado, esa es la verdad. ¿Queda lejos el bar del emparrado?
- No, no, acá a la izquierda.

Maga tomó asiento en un velador de mármol blanco y Carlos se acomodó a su lado. Una camarera con el pelo cortado casi al rape les trajo un par de gin tónics y Maga dijo: 

-Bien, he logrado que salgas de tus cuatro paredes, ahora quiero que me cuentes una historia que me haga soñar.

Y Carlos pensó y pensó y pensó.... y también él acabó por decir algo:


"ÉRASE UNA VEZ..."

lunes, 17 de septiembre de 2012


FORGET FULL

- ¿Y cuando yo no estaba pudiste escribir?
- ¿A qué te refieres con eso de “escribir”?
- Ya lo sabes, a poner una palabra detrás de otra.
- Ah, no eso no pude… no tenía dónde.

Un silencio extrañado. Largo. Maga miraba al infinito del blanco de la pared. Solía hacerlo después del amor. Se quedaba vagando. Maga viajaba, ¿hacia dentro? Hacia dentro, esta vez sí, hacia dentro. La Maga y Carlos eran dos viajeros. No es que se desplazaran en el espacio es que nunca estaban en el mismo sitio mucho tiempo, su territorio era abierto como el blanco de la pared y lo iban llenando con lo que cogían de aquí y de allá, viejas fotos, una piedra  suave de olas, el viento del Este, las huellas del cangrejo, un puñado de arroz, vino tinto y vino blanco… hasta vino rosado cuando no había otra cosa. A Carlos no le gustaban las medias tintas, pero si no había más remedio… era capaz de sacarse un tintero de la manga. Siempre hay alguna salida. Maga hizo un hueco con la mano en el blanco de la pared y le dijo a Carlos…



- Ven conmigo, mentiroso.
- ¿Por?
- El papel es barato, mentiroso. Los lápices también, mentiroso. Y me has dicho antes que escribías con una taza de té y un vaso de ginebra, mentiroso.
- No, no, ¿por qué quieres que vaya contigo a la pared?
- Porque tengo un lápiz y quiero que escribas mi nombre cien, doscientas, quinientas veces. Las que quepan. Es el castigo que mereces.
- ¿Por?
- Por mentir… y por robar. Por robar mi nombre. Yo no me llamo Maga.

Carlos se acercó a los labios de Maga. Con la lengua empezó a humedecerlos, con mordiscos juntó arriba con abajo y entonces con su dedo empezó a trazar una línea y otra y otra y otra y otra, hasta que los labios tomaron la forma en la que él podía reconocer una página que había perdido en la ausencia de Maga.

- Yo no  pongo palabras sobre papel, yo no pongo palabras sobre la pared, pongo palabras sobre ti. Tu piel es el único lugar en el que puedo escribir. Tu nombre se lo robé a otro, sí, pero es que él te vio antes.  Yo no tengo la culpa de no ser  original, no quiero escribir Rayuela, quiero jugar a llegar al cielo de tu cintura saltando de tu cadera a tu pecho y de tu boca a tu pelo.

- No te entiendo. ¿Entonces sobre qué piel escribías cuando yo no estaba? Porque has dicho que mientras me esperabas escribías con un té y con un vaso de ginebra, no me digas que no.
- Y canela
-¡Y canela, vale! Responde.
- Verás, las cosas nunca son siempre de la misma manera. Escribir cuando tú no estás puedo hacerlo sobre papel, porque entonces solo ando buscando levantar un mapa que me lleve de nuevo a ti. Entonces sí, entonces consumo lápices, ensucio papeles y los grapo de a diez. Pero me sale torpe la cosa. Escribir, escribir, poner palabras como caricias, eso solo puedo hacerlo cuando mi aliento se pierde en tu aliento, cuando me pides que entre ya y no me vaya nunca de tu vientre, cuando me aferras, te doblas sobre mi verga y luego saltas para pintarme de negro la boca.
- O blanco o negro.
- Eso es, blanco cuando tú no estás, negro cuando lo abres para mí.
- ¿El qué? ¿El qué abro para ti?

Ahora casi se espera que Carlos ponga música de Chet Baker y sonría complacido por la sorpresa de Maga… Pero eso sería un tópico, la única música que sonó entonces fue el suspiro de Maga cuando Carlos buscaba folios con aroma de… Fundido en negro. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

MUSA DO CORPO DOURADO


¡... Y llegaste! ¿Qué fue primero? Comer. Sé que desapareciste en mi boca. Te me salías en los sudores. Ibas goteándote en cada poro. ¿Qué me decías por dentro? ¿Que era tuya? Oía un eco que me subía por la venas y estallaba en mi cabeza como el fuego. Te tenía dentro y me quemabas. ¿Que era tuya? ¿Te la robó alguien? Y el corazón de tu cintura se levantaba en una ofrenda. Come. ¿Que habías perdido? Come ¿Qué buscabas entre los guijarros cuando yo no estaba? ¡Come! El corazón se dibujaba y yo burlaba el cerco, una y otra vez, una y otra vez. Tu carne iba cerrando mi boca, se deslizaba, se retorcía, se pegaba a la lengua y al paladar. Me bañaba tu aroma y te levantaba con las manos para que te derramaras en mis labios. Me dabas alimento, tan delgado me veías, que te me dabas entre los dientes. Mastícame suavito y dibújame el corazón entre las nalgas, empújame hacia dentro. ¡Devórame! Y te seguías derramando, cobre y pálpito... Tus pechos grávidos me dieron de beber. Comprenderás que el té acabó frío sobre la mesa de la cocina.