viernes, 27 de julio de 2012

MAGIA DE MAGA


- Magia es cuanto necesito. No la previsión de las costumbres. Ni la negación de las rupturas. Ni la abnegación de los abandonos. Ni la oscuridad de los sonámbulos. Magia.
Eso fue lo que dijo Carlos, abstraído en buscar corazones de hierba en el fondo de su taza.
La Maga miró a Carlos, un tanto sorprendida, después de haber hecho aquel viaje al tarro de la canela solo por el amor de un beso. Sentía que no era la respuesta adecuada a su gesto tierno. ¿Es que el aroma del té y la canela no merecían algo más concreto? ¿Algo así como un "te quiero" soplado por encima del humo cálido que borraba el rostro de Carlos agazapado tras su taza? ¿Es que no se iba a dar cuenta nunca de que un sorbo de ese té llevaba el calor de las manos de La Maga a los labios de Carlos y de que eso no está al alcance de cualquier Carlos que ande por ahí, sino de este puro despitado Carlos?
Así, su mirada se hizo luz entrevista y su boca moduló la música de la gran pregunta:
- ¿Magia? ¿A qué llamas magia?
Carlos, sin levantar la vista de la taza regalada de perfumes lejanos, murmuró como para sí:
- O quizá...
Dejó la taza sobre la mesa de la cocina, se levantó con calma, cruzó en una sonrisa el breve espacio  que lo separaba de su Maga, acarició sus labios, desabrochó su blusa y los dedos iniciaron un viaje alrededor del pezón oscuro que, orgulloso, se erguía esperando que  los labios de Carlos dibujaran la palabra magia en la base de su cuello antes de morder dulcemente allí donde se escapan los suspiros.
- El caso es que hoy me quedo sin saber qué es magia mágica para ti, amor.




Eso pudo decir la Maga, antes de olvidar que hoy no habría otra respuesta que la piel ardiendo... Ya se sabe, son las cosas del té y la canela.

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